POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS
POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS

Este es el cuadro corchero en el que puedes colgar los textos que  consideres interesantes para compartir con los amigos y las amigas de POWSF-POWB, bien sean de tu autoría, o no. En el corcho hay clavadas infinidad de chinchetas de todos los colores, tantos como gustos, ideas y personas puedan existir. Elige las que más te gusten, fija con ellas esos latidos que nos darán vida a todos y a todas y suspéndelos en él.

A VECES CASI SIEMPRE… Por Uriel Giraldo Álvarez.

22-09-18.

 

A veces casi siempre

hay en tus ojos en mis ojos

una nostalgia de infinito

en la que todo es distante

Nada es cierto

nada es seguro

ni siquiera esta sed 

de lejanía

Hoy me conmuevo

con los versos más cursis

cualquier cosa

me rememora la nostalgia

y el vuelo de una golondrina

es una fuente de infinita tristeza

Hoy puedo comprender

que cualquier escena

te enternezca hasta el delirio

y que el aire melancólico de tu rostro

me seduzca

Esos seres

invisibles

casi silenciosos 

que habitan nuestra casa

apenas duermen

Mueven cosas

sigilosos

Como a mí

les gusta

la lluvia monótona

sobre los tejados

para adormilarse

 

En las postrimerías de la noche

cuando la luna se aduerme

aperezada de prodigar

un brillo inútil

te busco entre las sábanas

y sólo está ese vaho de ti

que dejó el último

apresurado amor

Vuelvo entonces a hallarte

en la agridulce herida

de la memoria

donde llegaste a ocupar

aquel sitio solitario

entras

y espantas

todos los ruidos

de la casa

que de tanto esperarte

ya me habitan

tengo ganas

de no hacer nada de nada

de quedarme aquí tendido

sintiendo el olor a pasto quemado

que viene de algún lugar de la tarde

viendo la huida lenta de las nubes

ensayando formas

donde habrá esta noche

un naufragio 

REZARSE UN TANGO. Por Adalgiza Chirria Quince.

02-09-18.

 

No sé de dónde viene

este oscuro placer de los fracasos

esta cata de sal y luna en fuga

este soplo que desnuda

anhelos de tajos en la noche.

Tal vez allá en la infancia

sus penas me miraron

con avidez de esquina

o quizá fue mi padre,

o el viejo de su viejo, 

esos puertos sedientos,

las ansias de rondar

en sus relojes.

 

Hay mil razones

para rezarse un tango.

CON QUÉ ARGUMENTOS. Por Adalgiza Chirria Quince.

02-09-18.

 

Sé que me mira el paisaje

que el río acompaña mi aliento

-autismo de infancia-

pero jamás sabré

qué piensa de mí la tarde

con qué argumentos

me defiende el viento

cómo los pájaros

nombran mis ausencias

cómo le duele al gualanday

el rayo que partió la noche.

MI PATIO. Por Adalgiza Chirria Quince.

02-09-18.

 

Está mi patio abandonado

y sin embargo

hay tal ternura en la leña amontonada

tanta nostalgia en su hojarasca

son tan familiares sus senderos

tan insistente la alegría del maizal

las mariposas entre sus ramas

que continúa el sol

sembrándome en su olvido.

NO SABRÍA. Por Adalgiza Chirria Quince.

02-09-18.

 

No sabría

cuánta luz en el reloj del patio

el loto que espera en los espejos

la puerta que se abre.

No sabría

el ardor del gesto de aquella tarde

ni la piel de septiembre

ni las garzas

si no escribiera en mis auroras

si no cantara en desembarcos.

LEVEDAD. Por Adalgiza Chirria Quince.

02-09-18.

 

Soy leve en el recuerdo

de los patios de infancia

en los cuadernos

que nadie leerá

en la arena que se derrama

cada noche

en los árboles que vuelan

de garzas.

Soy leve en el jardín que florece

sin que nadie lo cultive

en el cardamomo

que alborota mis días

en la cicatriz de los instantes

en el camino que ofrece

nuevos cielos.

 

Soy leve en tus ojos

de dinosaurio triste.

CONFESIÓN A MI CIUDAD. Por Rubén Darío Flórez.

11-08-18.

 

¿Quién es ese que te dijo que te quiere? No me acostumbré a proclamarte frases de amor. Hueles siempre a ciudad sudorosa; a cebolla cocida al mediodía, a diesel quemado y tóxico de trasmilleno, a cerveza vinagre y trasnochada. ¿Así quién se enamora? Si ni siquiera te pareces a mi sueño. ¿Dónde están las fuentes para amarte cuando el agua cae con estrépito y  rumor de arriba? Y toda la que viene de las nubes, sin corazón la botas  en la lata de tus carros que acicalas los domingos. No diría nunca que te amo, que te daría mi vida, porque ayer casi me la quitas cruzando la avenida. ¿Cuál amor te expreso si ni tiempo me queda de verte los ojos, tu cielo azul más limpio que el Caribe? ¿A qué horas con qué aliento?

     Hipócrita, traidora que no das la cara detrás de tus frases escogidas. Tan llena de razón, ocultando tus afectos y rencillas con citas de Platón.  ¡Ay Bogotá! Cómo amarte si me dejas úlceras y canas, mientras corría para  tener a tiempo las rosas fucsias y salmón para tu amor, para ese día.

¿Si me pones a correr del trancón, de los banqueros cuándo te quiero? No puedo declararte mi amor sabiendo que tus palabras y  tus gestos son a veces tan dobles como las monedas y los billetes de tus embusteros.  

 ¿Quién tendría el coraje para ser tu amante, con cuál jodido amor la quiere renegar, la vuelve a olvidar?

No la puedo amar en general sabiéndola perversa y brutal. Sobrevivo con ella amándola en particular. ¿Dónde encuentro otras mujeres como las tuyas que hablan de Van Gogh como su hermano corrido y genial; conspiradoras  entre ellas, locas por la pedagogía, malévolas y tiernas?

¿En cuál lugar del mundo tienen como aquí por héroe a Chaplin? Cualquiera diría  viendo su cara en cada puerta y cualquier calle que no fue Bolívar sino Chaplin el que estuvo, se quedó y nos dejó su imagen.

No voy a maldecirte por tu ruido, no te declaro mi odio por tus trampas. Como todos pensaría que aquí no me quedo, que me largo lejos, que no vuelvo. Que otros aguanten sus tardes violetas y sus ñeros.

                     Pero  aunque  amenace que la olvido, que no aguanté su idioma soez y callejero, que me cansé de sus besos dulces y falsos, sus “¿qué le provoca mi amor?”, en la ciudad a dónde me iría con fuentes de Fidias o inventadas, voy a extrañar tus aires de ínfulas de dama colonial sin linaje, tu energía derrochadora, tus manías de querer ser otra, de querer tapar cuando sales en la foto que eres cursi, histérica y vulgar. 

Voy a llevar tus rancios olores, la música salvaje de tus noches, tus cerros de luz bruja y llovizna eterna. Y allá donde me vaya voy a sacar de la billetera tu foto para verte; entonces sabré Bogotá, que tu amor lo trajo tu primavera de jazmines desolados, que sin ti no soy, sin Bogotá no vivo, que yo soy el que te dice que te odia pues te adora.

 

OTRA VEZ ME ENCUENTRO… Por Stéphane Chaumet.

11-08-18.

 

Otra vez me encuentro

sin llave en los bolsillos

sólo una maleta a rastras

y en el vientre la ruptura

 

machacando ninguna queja

no tengo ya miedo

de hundirme

 

llevo demasiado

¿será el vacío que tanto pesa?

EL CIELO INDIFERENTE. Por Stéphane Chaumet

11-08-18.

 

El cielo indiferente a lo que se agita debajo

a nuestros días que se desgranan y se diluyen

nuestras vidas obsoletas tan rápido

como el mundo que nos fabricamos

los objetos que inventamos y que estorban

las pequeñas miserias las vanas grandezas

las garantías contra la carencia

la salvaguarda de las memorias la huella de las palabras

lo que creemos ganado sobre el tiempo 

lo que creemos curado del abandono

lo que pensamos infalible

un capricho del viento o del fuego

y todo lo que tenía precio para nosotros será barrido

incluso nuestra nada

NADIE ME PIDE PARTIR… Por Stéphane Chaumet.

11-08-18.

 

Nadie me pide partir

nadie me pide quedarme

no molesto ni hago falta a nadie

en ese rincón donde la soledad me sirve de sombra

 

nadie me obligó a salir de mi país

mi pasaporte me deja pasar las fronteras

mi exilio no es forzado ni realmente una elección

una fuerza extraña nacida de inquietudes me empuja

VOCES DE PAZ. Por Argemiro Pulido.

Miro mis zapatos sin pies

y me pregunto si el regreso existe

si abandonar no vuelve más pesado el camino

si donde voy se llama aún ilusión

naufragio o lugar

 

hay heridas que curan otras heridas

hay pérdidas que enriquecen otras pérdidas

 

miro mis zapatos sin pies y me digo

mi vida sólo es desorden y confusión

y este hueco que empieza a crecer

¿hay que evitarlo o excavarlo más?

LA CASA DE LA MUERTE. Por Jorge Castañeda

11-08-18.

 

Y era la casa de la muerte entre las rejas negras y la herrumbre de las paredes como un zarpazo de uñas combas y negras. 

Y era la muerte esperando en la mitad del trayecto como una boca desdentada y purulenta.

Y era la muerte que cada tarde nos aguardaba con su frío de escupitajos, azotes y sepulcros.

Y era la parca con su guadaña de nieblas entre baba y lodo, entre gusanos y larvas, entre vómitos y cofres, entre crespones y coronas.

Era la muerte con su rancio olor a flores marchitas y su tristeza de velorio fúnebre.

Y era la muerte con su figura de vieja decrépita, de negra escoba, eructos del infierno, reflectores de sombra.

Era la muerte con sus acuosidades verdes, sus substancias pútridas y penetrantes, su cuerno de inmundicias, sus mucosidades en horrible flujo.

Era la muerte en su casona de Villa Mitre con crematorios y piras, con momias y faraones, con recintos especiales para evitar la putrefacción de los cuerpos.

Era ella milenaria con su despeinada testa de Gorgona al acecho, como un seol abierto, con sus cancerberos arrutados y el caronte con su barcaza de tablas podridas con más formas que las de proteo. 

Era la muerte escarbando inmundicias, onanista de la vida, auscultando tinieblas y vísceras, mutando lepras en su cara, con un carbunclo debajo de cada brazo, con hedor en los alvéolos y escamas en los talones. Con sus pústulas ardientes y sus apostemas a punto de reventar como un botón de mala vida.

Y eran nuestros pasos de estudiantes resonando en las aceras de la casa de la muerte donde a veces como una flor de luto nos regalaba su presencia tan vieja y repetida como la historia del hombre sobre la faz de la tierra.

Era la muerte compañera, negro crespón, alternativa de la vida, infinito que vuelve al infinito, terrón que vuelve al terrón, alquimista del destino, sustracción implacable, luna menguante, ataúd de huesos, osarios cenicientos, uñas y cabellos creciendo en la nada.

Era la muerte oronda con forma de mujer tocando su Orfeo lúgubre, rasguñando los cajones, pateando cuernos, profanando cenotafios, habitando nichos ocupados y fosas comunes repletas de cadáveres.

Era la muerte, Pierino, que nos aguardaba cada día con su cuerno roto de cascajos y penumbras.

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