POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS
POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS

15-02-2022

 

SABÍAS QUE

Por fin, parece que vamos a convivir con normalidad en estos tiempos de pandemia. La apuesta de “ganar espacio público” para la Diada, la fiesta destacada de la literatura en Cataluña apunta en esta dirección.

 

Sí, el sector del libro y de las flores, junto con el Ayuntamiento de Barcelona, han resuelto crear una ‘superilla’ literaria para celebrar el Sant Jordi de 2022. El Consistorio dispondrá un perímetro de 140.000 m2 en el centro de Barcelona que cortará el tránsito de vehículos el sábado 23 de abril desde la Diagonal hasta Gran Via y de Balmes a Pau Claris, con la excepción de las calles Valencia y Aragón. El paseo de Gràcia quedará reservado para las paradas de libros y rosas.

 

La diada empezará a notarse durante los días previos: el 21 y el 22 de abril los establecimientos de venta de flores y libros ya podrán montar paradas frente a sus comercios. Aunque, los libreros y floristas profesionales también dispondrán de otros espacios exclusivos, repartidos por diferentes puntos de la ciudad, como la Plaza Valdivia; el Paseo Lluís Companys; la Plaza de la Vila de Gràcia; la Plaza de Orfila; la plaza de Sarrià; el Espacio Poblenou-Pallars-Llacuna-Pujades; la Plaza Real; la Plaza Universidad, o el Paseo San Juan en la zona de Arc de Triomf.

 

HABLAMOS DE RUSIA

Enconcreto de la mirada a ese país del escritor maxim Ósipov (Moscú, 1963), en su obra “Piedra, papel y tijera”, de la editorial Libros del Asteroide, 2022, un conjunto de relatos en los que, desde el desmoronamiento personal, aborda la caída del socialismo soviético , sin prejuicios ni juicios morales.

 

Patricio Pron dice esto en EL PAÍS:

“Durante el socialismo (…) era como todos: creía y no creía. Estaba el país, su hija. Tenían ideales, y también temores. Llegó el fin del socialismo y el país se desmoronó”, hace decir el autor a un personaje; si para unos “la Unión Soviética era la realidad, lo era todo” y para otros fue “una locura colectiva”, Ósipov no tiene interés en tomar partido. Lo que lo mueve es la indagación de las formas del desmoronamiento personal que acompañaron la caída del régimen soviético; del escritor que ya no tiene lectores a la joven que trata de abrirse paso en su profesión a fuerza de relaciones “convenientes”, del padre que arregla que su hijo no vaya a Afganistán (“en mi vida ha habido muchos momentos tristes, incluso vergonzosos, como en la vida de casi toda persona, sobre todo si es soviética, pero en actos como este no vamos a participar”, dice) al anciano cuyas opiniones no han cambiado mucho en las últimas décadas (“A los polacos, al paredón. A los rusos, al paredón. A los judíos… A los judíos, a uno de cada dos”), todos los personajes de Piedra, papel, tijera tienen la sensación de no poder vivir su “propia vida”, impedidos como están por fuerzas políticas y económicas que cambiaron de signo, dejándolos desorientados y huérfanos, pero no perdieron ni un ápice de su fuerza destructiva. “Es asombroso, pero”, afirma Ósipov en ‘Sventa’, el relato más explícitamente autobiográfico del volumen, “mis preocupaciones de hace unos treinta años son exactamente las mismas que las de ahora: 1) no ensuciarme, no envilecerme, 2) no ir a parar entre rejas y 3) no dejar pasar la oportunidad cuando llegue la hora de partir para siempre”. Es como si, sostiene otro personaje, “estuviera sentado de espaldas en un tren y mirara por la ventanilla. Y allí apareciera el pasado, sólo el pasado”.

 

“Una tentación aparentemente irresistible para ciertos lectores parece consistir en pensar que estos relatos son un “retrato” de los habitantes de un país que estas semanas parece dispuesto a comenzar una nueva guerra europea a consecuencia del nacionalismo étnico de sus dirigentes, una nación de “idiotas” y de “santos” que todavía pueden citar de memoria a Anna Ajmátova, a Mijaíl Lérmontov y a Aleksei Plesxéiev sin importar su origen social y son “buenos en la desdicha, y en la alegría, malos”, como afirma un personaje. Pero Piedra, papel, tijera no es periodismo, y la literatura no es una lección de geografía, o no debe necesariamente serlo. Los personajes de Ósipov escriben peticiones en los muros de los monasterios para encontrar a sus hijos, comprar el coche de sus sueños y recuperar la salud; lo que piden, sobre todo, es conservar “esa eterna esperanza, ese espejismo: el de que de pronto me despierte y toda esta pesadilla haya terminado”. Pero el joven Stephen Dedalus lleva 100 años intentando despertar de ella, sin conseguirlo, y lo más probable es que ni los personajes de este libro ni sus lectores vayamos a superarla nunca”.

 

QUÉ LEER

Va de literatura africana. ¡Disfrútala!

 

“Camarada Papá”, del escritor marfileño Gauz, en Libros de las Malas Compañías, Colección Libros del Baobab, 2021), un retrato muy verosímil del momento en el que los continentes africano y europeo se encuentran, en el que hubo otros acercamientos al continente africano más allá del de las armas y el mero afán de comercio.

 

“El rey de Kahel”, de Tierno Monenembo, en Baile del sol, 2022, basada en la vida del explorador francés Aimé Victor Olivier de Sanderval (1840-1919), donde el escritor guineano plantea un paralelismo entre los continentes europeo y africano y dos sociedades que son polos opuestos, pero ninguna superior a la otra. En la obra intenta rescatar esas historias que hubieran conducido a una relación muy distinta a la actual, más de iguales, entre África y Europa.

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