POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS
POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS

Espacio para el análisis crítico de los diferentes aspectos, perspectivas y planteamientos acerca del estado de las cosas en la comunidad mundial actual. Si quieres, puedes ampliar este foro de pensamiento, aportando tus reflexiones en forma de artículo.

LA ENSEÑANZA DE LA LITERATURA EN TIEMPOS DE PANDEMIA. Por Jessica Cárdenas Rodríguez

En este sentido, nuestro quehacer…  implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. 

Alejandra Pizarnik

 

Nadie nunca pensó una mañana al mirar el calendario, que una coyuntura histórica de la que solamente se había tenido certeza en los libros, iba a llegar para hacernos repensar la escuela y sacar a la vieja educación de sus dinámicas tradicionales. Educar en tiempos del Covid-19 implica una transformación frente a las metodologías y modelos pedagógicos que se plantean en el aula; la pandemia ha hecho que volvamos a centrar nuestra mirada en el pilar fundamental del proceso educativo; el ser.

 

Por ello, en medio de este momento histórico que estamos atravesando, los procesos de enseñanza – aprendizaje tienen el deber de responder a las exigencias y necesidades planteadas por el contexto actual, siendo importante integrar en la formación del educando las habilidades del siglo XXI, que no son otra cosa que retornar al desarrollo del ser a medida que potencia su saber, habilidades específicas como la comunicación, la empatía, la creatividad, la resiliencia y la adaptabilidad, que constituyen hoy instrumentos de empoderamiento para nuestros estudiantes.

 

Categorías como las mencionadas potencian el concepto de alteridad, se manifiestan como capitales a la hora de vincularnos en la interacción con los otros, nos hacen realmente ser humanos, teniendo en cuenta que este concepto no es solamente biológico, sino que también enraíza elementos fundamentales a nivel de valores, que son preponderantes para el impacto social positivo que debe tener el sujeto posterior a esta crisis que hoy nos acontece. Tenemos que salir renovados de esta experiencia temporal y retornar a las instituciones educativas con otro tipo de configuraciones, ese retorno que también implica volver a las médulas, a los centros; nuestra esencia como seres humanos, entender la valía del otro, no desde el plano del materialismo obtuso ni de la imagen, antifaz de lo terrible, sino desde la verdadera importancia que implica la otredad, eso, es en este momento que nos convoca, lo más significativo para poder hacer sociedad.

 

Un día la realidad que todos concebíamos entre los parámetros de la normalidad y el orden, se transformó en una distopía como aquella que solo habíamos leído en las obras literarias de los autores del siglo XX. Quién creería que conceptos como virus, muerte, pandemia y confinamiento se iban a convertir en una serie de términos que abarcarían nuestra vida en su totalidad. Una mañana dimos un último abrazo sin saber que pasarían meses para que esto volviera a suceder, no se nos pasó ni un segundo por la cabeza, pensar que no volveríamos a estrechar la mano del otro, el último día nosotros, los profesores, terminamos nuestras sesiones de clases, sin saber que ese adiós para nuestros estudiantes sería más largo que aquellos que habíamos dado con anterioridad.

 

La distopía y la ciencia ficción se convirtieron en realidad y nos han hecho protagonistas de sus historias, todo lo que habíamos enseñado en las aulas frente a la literatura como catarsis y registro histórico de lo que había acontecido en otras épocas tiene hoy más que en cualquier otro tiempo validez y es refugio para nosotros como especie humana. Hoy comprendemos obras como 1984 de George Orwel, El Decameron de Giovanni Bocaccio, La peste de Albert Camus, El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez y entendemos más que nunca porqué Alejandra Pizarnik escribía para reparar la herida fundamental.

 

Enseñar literatura en medio de una pandemia tiene otras connotaciones, es permitirle a los estudiantes identificar la relación del contexto socio histórico al sentir del autor que queda plasmado en la obra literaria, es abrirles la puerta a poder expresarse a través de la escritura, haciendo de paso un ejercicio clínico, permitirles verse reflejados en las obras y en los personajes de los autores, recorrer épocas y espacialidades lejanas, permitiéndoles ser otros, escapar a la sombra de la rutina y del tedio, y por último posibilitar el dejar un registro a través de las palabras de ese sentir en medio del caos y el desasosiego. Las artes, en general, tan vilipendiadas por las elites, por las clases “poderosas” de nuestros países, y muchas veces humilladas a oficios de poca monta, hoy más que nunca nos arropan en su sublime compañía, y a muchos nos están salvando de la monotonía y de los días que se repiten.

 

Bibliografía.

 

Figueroa, M. (2017). Habilidades del siglo XXI para todos. Portal Compartir Palabra Maestra. Disponible en: https://www.compartirpalabramaestra.org/actualidad/columnas/habilidades-del-siglo-21-para-todos 

 

Limachi, J. (2020). La literatura trata epidemias universales como la COVID-19. Portal Xinhua Español. Disponible en: http://spanish.xinhuanet.com/2020-04/18/c_138987652.htm

EL ÁRBOL. Por Gabriel Arturo Castro 

Siempre ha existido una dicotomía entre la naturaleza y el hombre, gracias a una visión antropocéntrica del mundo, aspecto que ha permitido el total dominio del hombre sobre su entorno, una doble condición de creación y destrucción. Esta visión judeo-cristiana, reforzada por la revolución mecánica, tecnológica e industrial, desconoce la existencia sagrada en los otros seres vivos que nos rodean, por ejemplo, animales y plantas, quienes para ellos no poseen principios espirituales propios.

 

Los no humanos, en este caso, están desligados de nuestro origen, separados del mundo humano y por lo tanto pueden ser destruidos sin atenuantes morales. La contaminación es un  ejemplo, junto a la deforestación y pérdida de la biodiversidad, actividades realizadas por el hombre quien su razón práctica erradica lo que considera extraño a su naturaleza: la lógica del depredador, “cuya razón produce monstruos”. Dicho comportamiento pragmático ha llevado a la pérdida de contenidos vitales en la naturaleza, sobre todo el plano simbólico e imaginario de naturaleza humanizada. Hoy en día asistimos a todo lo contrario: la deshumanización del entorno propiciado por el racionalismo capitalista, profano, secular, de acuerdo al mito del “progreso”.

 

La cultura dominante ha impuesto una visión pobre y limitada de la naturaleza, según los modelos de consumo. Los seres que rodean al hombre entran sólo a tener valor de cambio y no valor de uso. Entre ellos están los bosques y el árbol, cuya existencia es de un valor esencial para el hombre. Es la encarnación de la vida, el punto de unión del cielo, la tierra y el agua, el eje sobre el cual se organiza todo el universo. Los antiguos pueblos creían que el árbol estaba imbuido de gran cantidad de energía divina creativa. Los bosques llegaron a simbolizar el misterio y la transformación, la longevidad, la inmortalidad, la regeneración y el renacimiento, además de sus propiedades curativas. Desde el inconsciente colectivo el árbol es el centro del Paraíso, el origen de la vida, lugar de paz y refugio, un lugar donde se hallan afectos, secretos y recuerdos, una memoria activa del cada hombre acerca de la armonía, el crecimiento espiritual, el saber, la manifestación del sol, la madre tierra, la fuerza vital invisible que duerme, la iluminación, la fertilidad. El árbol es casi para todos los pueblos y culturas del mundo el símbolo del universo, el soporte, el origen y el conocimiento. Con él se simboliza toda una cosmovisión que expresa un carácter sagrado del mundo, de la vida y la naturaleza. Su figura contiene los tres niveles cósmicos: inframundo (raíz-Madre- Tierra); tierra (tronco-fertilidad) y cielo (copa-los cuatro rumbos). Ha significado eje del mundo, ceiba sagrada, sostenimiento del cielo, columna de la tierra, cordón umbilical, centro del mundo y  libro de los destinos. Para James Frazer, algunos árboles están dotados de alma, lo que les permite ser “poesía viva”, gracias a su extensión vertical, mirada aérea, textura de sus nudosidades, sus ramas virtuosas,  su perfecto orden interior y su idioma, que según Eduardo Cote Lamus, anudan letras en sus troncos. Alguna vez José Eustasio Rivera escribió en “La Vorágine” acerca de la extracción del caucho: El árbol y yo, cada cual con su tormento, derramamos lágrimas ante la muerte y luchamos cuerpo a cuerpo hasta sucumbir.

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