POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS
POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS

ADIÓS MAESTRO MIGUEL DELIBES

Por Nicolás Zimarro

Con todo mi cariño al recién fallecido Miguel Delibes.

 

Miguel Delibes es, sin duda, el prototipo de escritor en cuya producción literaria tiene lugar una evolución, superación y ampliación temática y estilística, que le distancian de los escritores de su generación.

 

Como señaló Andrés Amorós (1), “De su primera novela a la más reciente, el novelista va evolucionando desde un realismo de raíces tradicionales y rígidas hasta un lúcido criticismo social, abriéndose a los problemas que asedian al mundo moderno con un sentido de universalidad que le lleva, incluso, al terreno del reportaje periodístico y los problemas de política internacional”.

 

A este respecto, casi todas sus obras son un pliego de descargo, una protesta descarnada y sincera que brota del fondo de un corazón doliente contra las lacras de una sociedad regida conforme a los parámetros de una economía neoliberal, que no es otra que la soledad, el abandono y el desprecio que padecen las personas no aptas para el sistema productivo, bien sea por alguna imposibilidad física o psíquica, bien por la carencia de formación, o bien sea por causa de la vejez.

 

Roberto Santiago Velázquez (2) incide en esta cuestión, y añade: “Miguel Delibes es de los pocos escritores que se han preocupado por templar el fondo y la forma en sus obras, y no ha privilegiado uno u otro aspecto. Por eso las obras de Delibes se han proyectado a la universalidad. Al autor vallisoletano, heredero de las raíces del realismo del siglo XIX, le importa mucho lo que dice, le preocupa denunciar la injusticia social, la incomunicación provocada por la búsqueda de bienes materiales, el acercamiento a la naturaleza, la desesperanza, la explotación, la insolidaridad humana y, sobre todo, la angustia existencial y la preocupación por la cercanía de la muerte.

 

En sus novelas se entrevé el amor que el autor profesó al lenguaje entendido como el ámbito donde la realidad adquiere su auténtica dimensión, gracias al uso genuino de las palabras. El propio Delibes nos recordaba la trascendencia que tiene el lenguaje, como elemento clave del discurso comunicativo, en esta reflexión: “En mi caso particular, mi inclinación hacia la literatura se produce, ...por la conjunción fatal de dos factores absolutamente ajenos uno al otro: mi curso de Derecho Mercantil con Joaquín Garrigues y mi ingreso como redactor del periódico de Valladolid “El norte de Castilla”, en 1941.

 

El hecho de que una materia tan árida como el Derecho Mercantil influyera en mi decisión se debe a la magia de su autor; ya que, por debajo de las aburridas teorías jurídicas, yo encontré en él la belleza, la gracia y la exactitud expresivas. Garrigues aquilataba los términos, administraba los adjetivos con admirable precisión, exponía el mayor número de ideas con el menor número de palabras, e incluso, como fiel orteguiano, iluminaba el prosaísmo inevitable de los textos jurídicos con hermosas y rutilantes metáforas. Garrigues, a mi entender, no fue sólo un gran maestro, sino

también un gran escritor”. (3)

 

Parece que tomó muy buena nota de sus enseñanzas. Al menos eso se deduce de la calidad que destilan sus obras. Nadie lo discute. Es más, algunos, entre ellos Francisco Umbral, lo califican de verdadero artista de las letras y el lenguaje. Véase, si no, este texto (4): “Como en todas sus demás obras, el escritor vallisoletano nos hace ver el conjunto de cualidades de cada personaje a través del modo que éste tiene de expresarse. Es verdad que en la mayoría de los diálogos el punto de tangencia con la auténtica oralidad del pueblo es un elemento obvio. Pero no es menos cierto que ese afán realista, cuyo valor ha sido destacado por su riqueza estilística y su minuciosidad, tiene un profundo valor humano, pues arrastra episodios de enorme emoción. «Los personajes de Delibes —escribe Francisco Umbral— están siempre presentes porque hablan como son, se definen por lo que dicen y, sobre todo, por cómo lo dicen. Yo creo más en el significante que en el significado. Opino que lo que configura una novela es el significante, más que el significado. Y el significante es riquísimo en Miguel Delibes. Y con ello consigue, precisamente, lo que yo llamaría un realismo convencional, que eso es para mí el arte”.

 

Delibes escribió novelas según el esquema clásico sustentado en estos tres ejes discursivos: un ser humano (protagonista), un paisaje (ambiente) y una pasión (un móvil). En su concepción de la creación novelística, por tanto, el objetivo de la literatura consiste en “contar algo” bien contado y no simplemente en escribir con corrección. En eso se resume el arte de escribir novelas.

 

 Trató siempre de ser fiel consigo mismo, con lo que consideraba esencial en la creación literaria y que se resume en: la presentación de tipos humanos creíbles, la sencillez de estilo y la utilización de constantes u obsesiones: la naturaleza (el ser humano como parte de ella), la muerte (la gran incógnita), la infancia (como edad activa y suficiente) y la ineludible presencia del prójimo.

 

Su obra presenta un marcado acento pesimista, hasta el punto de que él mismo consideró que sólo había escrito dos novelas con fondo optimista (Diario de un cazador y Mi vida al aire libre). Aunque, sin ninguna duda, este pesimismo (o quizá escepticismo) de sus obras está refrescado con una ironía castiza de mucho calado y trascendencia.

 

De todas formas, en sus novelas un tema destaca sobre los demás: la frustración, el acoso al individuo por parte de una sociedad indiferente, opresiva e, incluso, hostil.

 

Tal es así que Delibes reconocía que en el fondo los escritores son gentes de pocas ideas, y a veces de una sola idea obsesiva, que se repite en todos los textos. En su caso, podrían ser la soledad, la incomprensión y el miedo.

 

En este sentido, es evidente que optó por ser el notario de un tiempo que fue tomando partido por los marginados, adoptando en toda su obra una actitud moral, ética y estética. Y como cronista de la vida de las ciudades y los pueblos fue un virtuoso, un observador sutil que muestra muchos rasgos comunes con el estilo de la observación balzaciana. Describía esta vida presentándola como un latido estático, parada agónicamente en el tiempo, sin conflictos y, lo que es peor, sin conciencia de la existencia de los mismos. En sus textos, la vida en provincias es redonda, se ve empezar

y terminar.

 

Así, la historia de cualquier población y la vida de cualquiera de los personajes de sus obras son susceptibles de ser analizadas desde un prisma de círculos concéntricos. El resultado Pone al descubierto  los siguientes ámbitos de discurso, reiterativos en toda su producción novelística: un círculo grande que explicita la crónica social que quiere llevarse a efecto; un círculo mediano en el que se proyecta la soledad del protagonista de turno; y un círculo pequeño en el que se recoge una reflexión sobre la soledad radical del ser humano.

Sí, ésta es una de las mayores preocupaciones de Delibes: la soledad existencial de los individuos humanos modernos. Ya nos alertó de ello. Nos lo dijo con ironía, con sorna, casi con melancolía barojiana; pero también con un inconmensurable amor. Él amaba aquello que denunciaba. No fue un escritor revolucionario. La ternura le unía a lo que denunciaba. Así, absolvía con el sentimiento lo que condenaba con el pensamiento.

 

Por esta razón, la solución que encontró a la radical soledad existencial que aflige a los seres humanos pasa por el reencuentro de la identidad individual y colectiva en el cálido regazo de la madre naturaleza. No es de extrañar pues que en todas sus obras siempre haya un personaje que es metáfora de la vida auténtica, de lo natural primigenio y de la humanidad en estado puro, personaje que será esencial, la necesaria compañía para recorrer el campo a través que es la vida.

 

El maestro ya lo ha culminado. Descanse en paz. Ahora nos queda hacer nuestro su mensaje de amor a la Madre Tierra y a las personas que la habitan.

 

NICOLÁS ZIMARRO.

 

(1) “Introducción a la novela contemporánea”, Andrés Amorós, Ed. Cátedra,Madrid, 1989, p. 78.

 

(2)  “El ayer de Eloy. Forma y fondo en “La hoja roja” de Miguel Delibes”, Roberto Santiago Velázquez, Tesis, 2000, Introducción.

Ver www.geocities.com/paris/louvre/5753/tesisdirigidas/roberto.htm

 

(3)  “España, 1936-1950. Muerte y resurrección de la novela”. Miguel Delibes, Ed. Destino, col. Áncora y Delfín, Barcelona, 2004, p. 159.

 

(4) “Drama rural, crónica urbana en Miguel Delibes”. Premio Letras Españolas 1991, Madrid, Ministerio de Cultura, Dirección General del Libro y Bibliotecas, Centro de las Letras Españolas, 1993, p. 71.

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