POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS
POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS

IMAGEN DE EXTREMADURA EN ALBERTI. Por Hilario Jiménez Gómez.

Llegar hasta ti hoy como un simple viajero,

incólume y salvado de la mundial matanza,

una página en blanco, una virgen memoria

nacida una mañana posterior al olvido.

R. A.

 

El poeta Rafael Alberti fue muy dado a escribir y dedicar poemas y a regalarlos después, dejando miles de versos volanderos que quizá seguramente tardaremos en recopilar. Uno de esos poemas olvidados nos lo regaló el gaditano a los extremeños en una de sus visitas a Badajoz en 1985. Aparecido en una extinta revista extremeña de esos años, el poema pasó desapercibido al responsable de la edición de las Obras Completas albertianas (Madrid, Aguilar, 1988, tres volúmenes).

Pero sería oportuno que, al hilo de la recuperación de este «poema extremeño» (en sus circunstancias y en sus referencias), hiciésemos además un recorrido por los diversos textos que hablan de Extremadura en la obra albertiana. Para ello habrá que remontarse algún tiempo atrás.

1.—Es en el año 1931 con la llegada de la II República a nuestro país cuando el poeta se conciencia de que España necesita un cambio; la solidaridad y el compromiso le hacen abandonar ese individualismo que caracterizaba a la poesía de vanguardia. Rafael se casa con la también escritora María Teresa León, con quien inicia el camino hacia esa evolución ideológica; juntos viajarán en estos años a Berlín y a la antigua Unión Soviética, donde asisten a una reunión de escritores antifascistas. El matrimonio regresará renovado y removido. Ya nada volverá a ser igual. Todo ese sentimiento interior acaba exteriorizando en unas ya manifiestas ideas comunistas, llevadas en su espíritu y traspasadas ahora a su poesía. Rafael Alberti publica entre 1933 y 1938 varios libros de protesta social que formarán la prolífica etapa de su poesía política: Consignas (1933), Un fantasma recorre Europa (1933), 13 bandas y 48 estrellas. Poema del mar Caribe (1936), Nuestra diaria palabra (1936), El burro explosivo (1937) y Capital de la gloria (1938) (1).

Es precisamente en estos años de compromiso ideológico y político cuando se produce su primer contacto, físico y literario, con nuestra tierra extremeña. En 1933 y en su libro Consignas publicará dos durísimos poemas dedicados a Extremadura. En el primero aparecen los niños, tristes y necesitados en estos difíciles años; en el segundo los campesinos, explotados y hambrientos. Al frente de algunos de los poemas que componían aquel rarísimo «libro de combate» Rafael escribió una especie de entradilla o comentario; nuestros dos poemas sí la llevaban y así los presentó Alberti:

 

En la Unión Soviética, lo más maravilloso son los niños: limpios, sanos, alegres, patinando por el río Moscoba helado, como bolas de pieles. Fuertes: la verdadera realidad y porvenir de la Unión Soviética. Y no pude olvidarme de los hijos de los trabajadores de España, especialmente de esos que vi a los campesinos pobres de Extremadura.

 

LOS NIÑOS DE EXTREMADURA

 

Los niños de Extremadura

van descalzos.

¿Quién les robó los zapatos?

Les hiere el calor y el frío.

¿Quién les rompió los vestidos?

La lluvia

les moja el sueño y la cama.

¿Quién les derribó la casa?

No saben

los nombres de las estrellas.

¿Quién les cerró las escuelas?

Los niños de Extremadura

son serios.

¿Quién fue el ladrón de sus juegos? (2).

 

(1) Posteriormente todos estos títulos aparecerán en Poesías Completas (primera recopilación de su obra en 1961), reorganizados y englobados en dos libros: El poeta en la calle (1931-1935) y De un momento a otro (1934-1939). Así también en la última edición de sus Obras completas (Madrid, Aguilar, 1988) al cuidado del propio Alberti y de su editor Luis García Montero.

 

(2) Rafael Alberti, Obras Completas I, Madrid, Aguilar, 1988, págs. 538-539. La nota introductoria que presenta el poema sólo se reprodujo en la primera edición de Consignas, Madrid, Ediciones Octubre, 1933.

Estos fueron los primeros versos de Alberti para nuestra tierra. Observamos que la musicalidad de esos originarios poemas albertianos de los años veinte a modo de cancioncillas, con rimas fáciles fijadas en pequeñas estrofas encadenadas, sigue estando presente en estos agitados versos de protesta (se recordará que, aunque la extensa obra albertiana recorrerá los temas más variados y las más diversas composiciones, este tipo de construcciones jamás se apartan de su creatividad).

En el poema vemos que ese sujeto «los niños de Extremadura» (que da título al mismo) será el que encabeza todas y cada una de las cinco estrofas, con esta misma construcción o en forma de pronombre. Observamos que se busca una clara progresión que va de lo material (zapatos y vestidos, casa y escuelas) hacia lo más puro y espiritual que — sin duda— caracteriza plenamente a la infancia: los juegos (última palabra del poema).

El paralelismo que emplea Alberti en cada una de las estrofas es lo que en realidad da cuerpo al poema; un paralelismo que se basa en una serie de interrogaciones retóricas que, con la repetición de términos como «robó», «rompió», «derribó», «cerró», «quién fue el ladrón» (es importante el fuerte sonido de esa «r»), culpan de toda esta desgracia a quienes la han desencadenado. Pero no se nombra un culpable explícitamente; estas preguntas retóricas acusan directamente a los responsables frente a la inocencia de estos niños extremeños, privados de las cosas más elementales de la vida.

Rafael evoca en la entradilla del poema ese viaje de 1932 a la Unión Soviética para contraponer las dos imágenes tan dispares que nos ofrece: de una parte unos niños rusos, aseados, jugando felices, abrigados, en lo que entonces se consideraba el paraíso proletario por excelencia; de otra esos niños extremeños, desnutridos, sucios, deprimidos, como representantes inmediatos e inocentes de un país en el que el proletariado era carne de explotación. Esta dura imagen de la infancia extremeña trae a la memoria aquella otra que Luis Buñuel plasmó en su documental Las Hurdes (Tierra sin pan) en donde vemos a unos pobres niños hurdanos mojando sus pequeños mendrugos de pan en un charco de agua sucia, putrefacta (3).

Este poema en su origen tuvo además una segunda parte, suprimida en las sucesivas ediciones. En esta parte eliminada surgirá más patente si cabe esa dura situación extremeña frente a la idealizada Unión Soviética:

 

Pero en la Unión Soviética...

La risa de los niños

se desprende en trineos por las cuestas heladas.

Sus ojos no conocen el espanto del crimen

ni sus oídos ese clamor que alza la sangre.

(...)

Son la gloria de Lenin, los martillos y hoces

que seguirán cantando su nombre y su memoria,

los que verán fundirse las naciones en una,

haciendo de la Tierra un planeta tranquilo (4).

 

(3) Es verdad que con este documental Luis Buñuel propagó una imagen hiriente de esta zona del norte de Cáceres; pero lo que también es cierto es que el director aragonés trataba de condenar la escandalosa situación de necesidad que se vivía en las Hurdes en los «felices» años de la República. Era una evidente denuncia social, una crítica despiadada a la pésima reforma agraria llevada a cabo por el Gobierno Republicano en Extremadura (dejemos a un lado la controversia de si Buñuel forzó ciertas imágenes o no). El polémico documental fue rodado en los meses de abril y mayo de 1932 y estrenado al año siguiente, fechas como vemos muy cercanas temporalmente a la composición de estos poemas albertianos.

(4) Este doble poema apareció con el título «Aquí y allí». Tenía una entradilla (antes reproducida) y dos partes claramente diferenciadas: «Aquí» (nuestro poema «Los niños de Extremadura») y «Allí». En este segundo poema, que sólo apareció en la primera edición de Consignas (1933) al igual que la entradilla, se leía lo siguiente:

 

Pero en la Unión Soviética...

La risa de los niños

se desprende en trineos por las cuestas heladas.

Sus ojos no conocen el espanto del crimen

ni sus oídos ese clamor que alza la sangre.

 

Al margen de que entonces Alberti conociese o no «de visu» las zonas más deprimidas de Extremadura, y entre ellas Las Hurdes (vid. las palabras de Alberti en un texto que comento al final), lo cierto es que la fuerza de las imágenes buñuelescas bien pudieron incitar la escritura de poemas como este, en el que Rafael une no escasa sensibilidad con acre denuncia de lo que significaban las explotaciones caciquiles en tierras pobres alejadas de la mano de Dios y de los políticos.

El segundo poema albertiano, dentro del mismo libro, tiene idéntica misión de denuncia; en este caso Alberti se basará en hechos reales, concretos:

 

Trata de las luchas heroicas que los campesinos de Extremadura sostienen contra el hambre y por la posesión de las tierras. Sucesos que las clases trabajadoras de España nunca olvidan: Castilblanco, Zorita, Fuente de Cantos, Herrera del Duque...

 

Allí, cuando se duermen, su mundo es un teatro

donde el trabajo nace y crece como un juego.

El mapa con que sueñan gira lleno de luces,

pero la que más brilla es una estrella roja.

Saben que ella ilumina otros cielos lejanos

y que calienta el pecho de otros niños y hombres,

niños que cuando duermen sólo ven la locura,

los llantos de la madre, la muerte o el presidio.

Son los hijos de Octubre, del campo y de la fábrica,

la realidad latente del sueño socialista.

Es Dios ante sus ojos un cuadro sin sentido

y los popes un viejo dibujo iluminado.

Son la gloria de Lenin, los martillos y hoces

que seguirán cantando su nombre y su memoria,

los que verán fundirse las naciones en una,

haciendo de la Tierra un planeta tranquilo.

 

Como observamos, Alberti reivindica la labor llevada a cabo por el Comunismo allí en la Unión Soviética. Fijémonos en esa «estrella roja» que ilumina a los niños y hombres rusos hacia un mundo mejor y más libre; ellos sí conocen el nombre de esa estrella comunista, no como los niños extremeños de nuestro poema que «no saben el nombre de las estrellas» porque alguien les ha cerrado las escuelas.

 

ROMANCE DE LOS CAMPESINOS DE ZORITA

 

Campesinos de Zorita

fueron a los encinares

a coger esas bellotas

que ni los cerdos ya pacen.

Los llevaba el hambre.

Con tres civiles, Juan Gómez

llegó a las tres de la tarde.

Un tiro arrancó tres ayes.

Se les prometen los campos

y al campo van a matarles.

Promesa cumplida en sangre.

A un obrero malherido

se lo llevan por las calles.

Todas las puertas se abren.

Zorita entero en la plaza,

gritando, protesta en balde.

El que trabaja no es nadie.

Los propietarios del pueblo

por más guardia civil salen.

Llegan fusiles y sables.

Sin aviso, rompen fuego,

tirando a dar y no al aire.

Zorita entero lo sabe.

Niños, mujeres y hombres,

heridos de muerte caen.

Cumplen las autoridades.

Se les prometen las tierras

y en tierra van a dejarles.

Promesa pagada en sangre.

¡Campesinos extremeños,

seguid lo que ya otros hacen:

una cadena en la lucha...

y, unidos, senda adelante! (5).

 

 

(5) Rafael Alberti, Obras Completas I, op. cit., págs. 543-544. Al igual que en el poema anterior, la nota introductoria sólo se reprodujo en la primera edición de Consignas (1933).

 

Como si se tratase de un viejo romance histórico, Alberti denuncia la durísima represión a la que estaban sometidos los campesinos del pueblo cacereño de Zorita. Llevado de nuevo por esa grácil musicalidad de las cancioncillas de sus primeros libros (no hay que confundir esto con sencillez compositiva) nuestro poeta comienza el romance situando los hechos temporal y espacialmente. Vemos cómo el poder público —representado aquí por las autoridades, los propietarios y la guardia civil— se sobrepone a las clases bajas y obreras (aquí jornaleros extremeños). Asistimos a una lucha desigual: mientras los desposeídos contaban sólo con su grito y su protesta, los terratenientes oponen «fusiles y sables» para reprimir esas rebeliones populares, sin importarles matar incluso mujeres y niños.

Pero no piense el lector que Alberti trata sólo de narrar unos hechos, de acentuar el marcado contraste entre terratenientes y campesinos; el objetivo principal de estos versos albertianos radica en manifestar abiertamente que las falsas promesas que el gobierno republicano ha dado a los campesinos (extremeños, en este caso concreto) no se han cumplido:

 

Se les prometen los campos

y al campo van a matarles.

Promesa cumplida en sangre.

(...)

Se les prometen las tierras

y en tierra van a dejarles.

Promesa pagada en sangre.

 

Este romance es, en resumen, una rotunda acusación a esa dominación material que siempre han tenido las clases poderosas y el claro desengaño que los intelectuales de izquierdas (entre los que se encuentra el propio Alberti) advierten ante la decepcionante política llevada a cabo por el gobierno republicano en los años del «Bienio Negro».

Es importante señalar que estos dos poemas, en los que Alberti grita al mundo entero las necesidades tan grandes que se vivían por los años treinta en nuestra tierra extremeña, al igual que otros cuantos con idénticas intenciones de reivindicación, se recogerán en una sección del libro El poeta en la calle titulada «Homenaje popular a Lope de Vega»; la mayoría de los poemas que la integran —ocho en total— comienza con una cita del propio Lope.

En ese año 1935 se celebra el tricentenario de la muerte de Lope de Vega, por lo que es obvio que Alberti quiere hacer un personal homenaje al poeta clásico (como ya lo hizo en 1927 con Góngora). Ese epígrafe de «Homenaje popular» nos declara abiertamente las intenciones de Alberti: rescatar a Lope como escritor nacional y popular con una clara perspectiva de izquierdas.

En ese mismo contexto cultural de compromiso, un año antes —en 1934—, el escritor César M. Arconada había publicado su novela Reparto de tierras, cuya acción se sitúa en un pequeño rincón del norte cacereño; la nefasta reforma agraria llevada a cabo por la II República, la miseria en la que viven los niños y la vil explotación de los campesinos extremeños son los ejes centrales por los que transcurrirá su argumento. El final sin embargo desea un futuro esperanzador en el que esos campesinos ocupen los campos en los que se les niega el trabajo y tomen posesión de aquellas tierras baldías (6).

2.—Tendrán que pasar más de cincuenta años para que encontremos la tercera referencia a Extremadura en los escritos albertianos; la relacionamos paralelamente con una feliz circunstancia: el regreso del exilio.

Rafael Alberti, tras su ansiado regreso, comienza a recorrer de punta a punta toda la geografía española. Con casi 80 años y una asombrosa vitalidad viaja por muchas ciudades de España recitando poemas propios y ajenos; vuelve a llevar la cultura a los españoles llenando plazas, parques y teatros. Recuerdos lejanos y ahora de nuevo revividos de un verdadero y anhelado «poeta en la calle».

Llegamos así al año 1985, fecha del poema aludido al comienzo de este trabajo. En el mes de abril de este año Rafael Alberti es invitado a Badajoz con el encargo de pronunciar el pregón de la Feria del Libro de la capital pacense. Esa es la circunstancia del tercer poema dedicado a Extremadura, ya en unos días muy alejados de aquellos de 1933, y por tanto muy distanciado en su temática y en su estilo de esos otros dos poemas de denuncia que hemos visto en el parágrafo anterior. Al fin y al cabo la —todavía— joven democracia española había empezado a transformar a nuestro país y también a Extremadura.

 

(6) Reparto de Tierras se ha convertido en una auténtica rareza bibliográfica. Tras las dos primeras ediciones (Madrid —1934— y Moscú —1970—), la tercera en español apareció en 1988 auspiciada por las Diputaciones de Badajoz y Palencia. Está magníficamente anotada y prologada por el profesor Gregorio Torres Nebrera.

 

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