POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS
POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS

SOBRE LA POESÍA. Por Carlos Fajardo Fajardo.

1

Que la poesía sea necesaria y vital, es lo que realmente importa. Vital y reflexiva, lúcida, asomada al abismo de las tinieblas, incluso procedente de las tinieblas y de las caídas, y, sin embargo, iluminada como astro en medio del ruido y las oscuras sombras de lo real. Tal la poesía, tal el poema. Trashumante entre peligrosas trampas sociales, léase “el tiempo de los asesinos”, o bien de las ignominias institucionales, el poeta se aventura tratando de comprender y superar dichas trampas con revelado furor, con desesperada y fecunda pasión meditativa.

 

Su palabra, hecha de concentración y libertad, se constituye en una tabla de salvación en medio del naufragio temporal y del laberinto de lo real; es grito feroz y morada, viaje y grávido útero. En la palabra el poeta vislumbra lo terrígeno sanguíneo, la tenebrosa historia y lo ideal celeste. He aquí su herida y su sanación, la humana necesidad de partir desde y contra la muerte, hacia lo maravilloso y desconocido, para inventar una presencia en medio del vacío. Entonces, la poesía nos penetra con su  mordaz fuerza, con la turbulencia de sus vientos entre retorcidas raíces, desterrándolas sin compasión para que superemos el miedo, venzamos nuestros oscuros terrores.

 

Conflictiva y serena, con una serenidad compulsiva llena de presagios, de preguntas, viejas querellas entre nuestros deseos y la negada dicha de verlos cumplidos, la poesía vive en la casa de la loca imaginación, imposible de  gobernar y de ponerle orden a sus disparatados sueños. De allí que poesía y poeta pidan algo más allá de lo posible, por lo que una de sus regiones -quizás la más próxima y familiar– sea la infancia, edad difícil, conflictiva y rica en miedos por excelencia, pero soberana en su necesidad permanente de creación y de epifanías, de extrañamientos y maravillas. Infancia como descubrimiento, viaje, trashumancia, encuentro y desencuentro con alegrías y terrores, castigos, prohibiciones, soledades, sobre todo soledades, desde las cuales se inventa un reino entre la alegría y el descubrimiento de la muerte.  

 

Encontrarse de pronto con  lo inesperado, con lo no registrado en el libro de los sucesos, es lo que hace el poeta. Él los registra y los observa con pasión y ardor, con, insistimos, reflexión y discernimiento, tatuándolo en la página para ser observado como un  extraño y palpitante delirio que no se evapora ni termina. 

 

2

Insistencia, resistencia, permanencia en la fragua escritural como única posibilidad de ser y estar. He allí la terquedad del poeta de permanecer y habitar en la escritura, de volverse en cierta forma escritura, palabra del y desde el tiempo, existencia plena. Esa es su condición de entrega total a ese “oficio o arte endiablado” del que habló Dylan Thomas, a ese cataclismo del lenguaje, el cual hay que estremecer, asaltar, modificar con tenacidad, perseverancia, hondura, pasión, estremecimiento.

 

Es una labor nada fácil, más aún, insurgente, transformadora, y como tal exige rupturas, desgarramientos, tanto del lenguaje como de sí mismo, para que algo valioso por fin aflore, pueble y llene de sentido la volátil levedad de lo existente. “El escritor no debe retroceder ante nada, absolutamente ante nada, si realmente desea llegar a un sitio larga y tenazmente elegido”, escribe Héctor Rojas Herazo. Abrir nuevos caminos y ventanas hacia lo no horadado, donde el lector entre como explorador a esos insólitos recintos y salga de ellos diferente, con otros datos que le ayuden a generar preguntas, diversas inquietudes, o bien estremecedoras angustias. En ello consiste aventurarse en la palabra que provoca e invita a liquidar la rutina de la costumbre, la inutilidad banal de lo ya establecido, aquello que impide apreciar y asumir la magnificencia plural de lo reinante y observar la sorpresa en la opaca nebulosa de lo cotidiano.

 

Con dicha mirada, lo aparentemente insignificante termina adquiriendo importancia, y lo comúnmente llamado corriente, obtiene un poder de atracción y maravilla. 

 

3

Desafiar al Leviatán, gran tarea del poeta y del  intelectual creador; rebelarse contra cualquier actitud despótica, ese es su pathos y su ethos que mantienen viva la hoguera imaginativa, fuegos que se alimentan de la realidad y su misterio, de lo fáctico, pero viajan más allá de lo fáctico, impregnados de análisis y de crítica estimulante. Esta participación en los hechos de una realidad histórica –el ser partícipe y testigo de su época- y a la vez, el mantener una cierta independencia hacia lo allí presente, permite observar y escribir, sin fanatismos ni emociones banales, el desenvolvimiento de lo social. Estar adentro de las profundidades del mundo y de lo íntimo como habitante, y afuera como vigilante atento a su ritmo, nunca extraño a sus innumerables y plurales sonidos. 

 

La actitud crítica-creadora fusiona el fervor comprometido ético-político con la pasión personal poética; es decir, une su casa íntima con las tragedias o alegrías de la calle.  Tal es su sino y extraordinaria aventura: entre el Yo que debate los problemas de su época y el que transforma al Yo espiritual en un problema. De ello surge la intensidad de su obra, como una síntesis de dicho electrizante encuentro.

 

Poner el dedo en la llaga, proponer dudas, inquietantes cuestiones ante las mentiras de las instituciones y la monótona vida; penetrar sin temor en las férreas estructuras de los autoritarismos; fracturar, remover, resistir, re-existir, dando un nuevo sentido, así sea escéptico, desengañado, desencantado, libertario o creador, surgiendo del fondo del abismo, convertido en abismo y cima, como única posibilidad de convivencia. Invitación a ser conscientes de las permanentes e inseparables relaciones entre lo comunitario social y lo íntimo existencial. 

“La obra de arte, nos dice Gabriel Zaid, tiene su propio mundo, pero además ensancha el mundo”.  Los artistas y los poetas “extienden las fronteras de lo real”, aportan al cambio de actitud de una vida y, en mayor escala, quizás de un mundo.

 

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