POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS
POETAS SIN FRONTERAS - POETS WITHOUT BORDERS

La violencia política

PROGRAMA

 

0.- Introducción al conflicto palestino-israelí..

 

1.- Exposición de un vídeo: el holocausto palestino.

     Duración: 4.30 minutos.

 

2.- Lectura del relato titulado “El cementerio de las mariposas”.     

 

3.- Exposición de un vídeo: matanza de niños en Gaza.

     Duración: 1.45 minutos.

 

4.- Presentación de la ponencia titulada “LLUEVE AGUA DE NÁUSEA”.

     Constará de tres partes:

 

4.1. Lectura de tres poemas englobados bajo el título “Tres bocanadas de espanto”.

    

4.2. Exposición de un vídeo: bombardeo de Gaza.

     Duración: 1.30 minutos.

    

4.3. Exposición de la ponencia titulada “LLUEVE AGUA DE NÁUSEA”.

     Se trata de una explicación poética y de una reflexión filosófica referida a los poemas leídos.

 

 

 

PONENCIA: “LLUEVE AGUA DE NÁUSEA”. Nicolás Zimarro.

 

Antes de cualquier otra consideración, es pertinente y necesaria la presentación del

texto que el autor envió en un email fechado el día 29 de diciembre de 2008 al poeta

chileno Mario Meléndez. Nos ayudará a comprender mejor sus intenciones y el estado

de ánimo en el momento creativo; nos ayudará a respirar el mismo aire que llenó sus

pulmones del oxígeno purificador del amor al prójimo, un amor limpio, desinteresado y

real, en los instantes cruciales del sufrimiento de los seres humanos, esos poemas

dolientes que lloran la pérdida de su dignidad, o sea, la mutilación de la vida.

 

He aquí el contenido del email:

 

"Querido Mario:

Hoy es el tercer día de bombardeos en Gaza. Los que los están sufriendo en sus

propias carnes son, como siempre, los más indefensos, los desheredados de la Tierra:

trabajadores, camareros, peones de obra, mujeres de servicio externo, peluqueras,

operarios diversos, etc.; estudiantes, colegialas, universitarios y algún que otro párvulo.

Todos ellos seres humanos. Todos ellos víctimas del fanatismo político religioso.

Y ¿a quién le importa? No… a los vendedores de promesas; no… a los compradores

de votos; no… a los programadores de espacios televisivos; no… a los tertulianos de las

emisoras de radio; no… a los buitres carroñeros que anidan en los altares. No…

Solamente importa a las personas que aman al prójimo, de un modo sincero y

honesto, sin palabrería barata, sin hipocresía moral. Solamente importa a quienes han

determinado ir por la vida en pelotas, con el corazón en la mano, gritando a quien quiera

escucharle, clamando a los cuatro vientos: "Soy un ser humano; simplemente eso. Soy

como tú, poesía hecha vida”.

 

¡Qué pena que las páginas negras de la historia se repitan! Ya en la antigua Grecia,

Diógenes, el Cínico, deambulaba por las calles de Atenas en busca de algún ser

humano. Lo hacía antorcha en mano, incluso a plena luz del día, no fuera a escapársele,

en caso de encontrarlo, un espécimen tan raro. Protágoras, el sofista, comprendió que el

ser humano era la medida de todas las cosas: esto es, de la verdad, del bien y el mal, de

las ideologías y del universo.

 

¡Qué máxima más alentadora! ¡Qué noticia excepcional! Y lo es más aun, si leemos

la letra pequeña. Dice así: "La humanidad no ha de ser un concepto formal, ni un

subterfugio retórico. Es, por el contrario, cada individuo , cada corazón que late, cada

sueño y cada herida en el espíritu.

 

Los poetas, bien lo sabes, buscamos como Diógenes el entendimiento de las

pasiones y sentimientos, o sea, los latidos, las lágrimas, el viento sur de un sueño, los

carámbanos hechos de sudor frío, el color de la adrenalina descargada en una sonrisa, el

olor hediondo de los deseos ocultos en el lodazal de las acequias del corazón, etc… Los

poetas sufrimos el dolor ajeno, reímos la alegría del vecino y lloramos la despedida de

una ola que se va para no volver. Somos así. ¡Qué le vamos a hacer!

 

Por eso, a mí sólo me preocupa el ser humano que llora, que sufre, que siente y que

tiene un nombre. Y a ese ser humano dedico mis poemas.

 

Un abrazo, Nicolás.”

 

En el e-mail, destaca sobre todas las ideas la definición de "Humanidad", entendida

ésta como poesía hecha vida. De esta manera, para el poeta cada ser humano es un

poema con corazón propio. Es belleza, es sentimiento, es pasión. Por ello, atentar contra

él, apuñalando un verso, pisoteando una estrofa o haciéndolo añicos a bombazos no es

sino la prueba irrefutable de una humanidad enferma, aquejada del cáncer de la

estupidez.

 

Estupidez deshumanizante que puede llevar a algunos individuos a matar la poesía,

a borrar del libro de los sueños los más bellos poemas a la libertad, al amor y a la

solidaridad; y también, por desgracia, a reventar hogares cargados de versos,

declamados en la sonrisa de una niña, las legañas mal quitadas de una estudiante, el

gesto de ancestral cansancio que se dibuja en la cara de un joven en paro, los bostezos

de un oficinista, las manos limpias de un funcionario, la tristeza que anida en los ojos de

una mujer de la limpieza, etc…

 

El poeta está desolado, hondamente conmocionado por las consecuencias trágicas

que se derivan del holocausto acontecido repetidas veces en Gaza, que pueden

resumirse fundamentalmente en el dolor y la angustia, ambos íntimos e intransferibles,

que han de sufrir los afectados. Y no es para menos. Es así que él no quiere permanecer

callado, que quiere rebelarse. Y lo hará denunciando las lágrimas falsas de las

plañideras mediáticas, la hipocresía de los pésames no sentidos y el dolor fingido de

tantos y tantos oportunistas impávidos. Lo hará intentando comprender el sufrimiento

de cada individuo, tomando el pulso a los latidos de cada corazón, secando sus lágrimas

y besando sus mejillas. Lo hará, además, como mejor sabe, utilizando la palabra: la

palabra hecha proclama de rabia, la palabra hecha plegaria de esperanza, la palabra

hecha carta de amor, la palabra hecha Elegía a Maira, a Hanan, a Abdel, a Mohamed…

y a tantos otros seres humanos , poemas anónimos con nombre propio…

 

*LECTURA: TRES BOCANADAS DE ESPANTO (tres poemas). Nicolás Zimarro.

 

 TRES BOCANADAS DE ESPANTO

 

PRIMERA

1-. La tormenta. La lluvia de horror.

 

Llovió agua de náusea

aquel día de marzo,

agua de soledad,

tormenta de hielo.

Llovió horror

de primavera furtiva,

lluvia de angustia,

lluvia de espanto,

lluvia de amaneceres

con los cielos siempre cubiertos.

Llovió ríos

de lágrimas y desdicha,

un aguacero

de sangre en las manos,

un diluvio

de ausencias en el tiempo.

Llovió muerte

en el tejado roto de la vida.

 

2-. La calma. La gotera del miedo.

 

Ahora, los truenos reverberan

en lamentos callados

que brotan en gotas de sudor frío,

de desaliento,

de desesperanza

y de agonía;

en gotas de silencios,

gotas de humores extraños

que se escurren en hilos de bilis

por la gotera del miedo

y anegan los corazones

de hiel e inquina.

 Ahora, no llueve en la ciudad. Es el futuro.

Y la tragedia será una obra de teatro,

un artículo de opinión en un diario.

La tragedia será un infierno

para quienes han de vivir

la deshora continua de una pesadilla.

 

(Poema adaptado. Título original:

"La gotera del miedo". Obra: El ser vencido)

 

SEGUNDA

 

La noche. El silencio de los muertos.

Y la pobre patria sola

en el fragor

de la batalla,

abandonada a su suerte

rehén del terror,

las ideologías, los credos y la metralla.

Cementerio, polvo inerte,

mar sin una ola,

vano grito, voz que calla.

Es el dolor

De quien espera en la cola

para hurgar en los restos de la muerte.

 

(Poema adaptado. Título original:

"Mi patria". Obra: El ser vencido)

 

TERCERA

 

Un nuevo día. La luna enterrada.

Daga damasquina,

eres un singular espejo

en el que me miro y veo la muerte.

La muerte en tus dos caras.

La muerte en tu aguda punta.

La muerte en tu hoja cortante.

Eres una luna que empuño tembloroso.

La luna de los asesinos.

La luna de las traiciones.

Una luna que hiede a sangre.

Sangre derramada en antiguos holocaustos.

Sangre que fue la savia de las flores del mal.

Por tu filo,

luna de plata,

resbalan cadáveres

y rostros cenicientos

de hombres degollados.

Por eso, daga, tu nombre es horror.

Horror milenario

estampado en una luna de metal.

Horror

que la pátina del tiempo

ha revestido de misterio

y de silencio.

Horror que en este poema es denuncia.

Horror que enterraré para siempre,

cuando te clave en tierra de nadie.

Donde la luna no esté ensangrentada.

Donde los seres humanos no maten.

Donde simplemente mueran.

 

(Sin título. Obra: Silencios)

 

 

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